5 jun. 2017

MES DE JUNIO: TIEMPO DE EVALUACIÓN


                                   Queridos amigos profesores:


            Se aproxima el fin de curso y seguramente estáis inmersos en la dinámica de las evaluaciones. Evaluar es necesario. Se ha dicho que sin evaluación hay devaluación, porque se pierde la tensión hacia la perfección de la enseñanza. En toda evaluación hay luces y sombras, progresos y fracasos. Es ley de vida. No siempre se acierta con el método preciso, con la pedagogía conveniente. Pero el hecho de evaluar siempre es positivo, porque significa mirar hacia el futuro con ánimo constructivo.


            También los que ejercemos la enseñanza debemos evaluar nuestro trabajo, porque, sin quererlo, podemos ser presa de la rutina. Os ofrezco algunas pautas para evaluar vuestro trabajo de profesores de religión, tomadas del magisterio del Papa Francisco.
            
           1) El Papa pide que el educador sea rico en humanidad, capaz de estar en medio de los alumnos con estilo pedagógico para promover su crecimiento humano y espiritual. La tarea pedagógica, si es auténtica, nos exige enriquecernos cada día, para conectar cada vez mejor con los alumnos y sus intereses y necesidades. Nunca terminamos de formarnos a nosotros mismos y enseñar a otros nos reclama autoformación.

            2) Otra clave que puede ayudarnos es la de ser coherentes.  Las nuevas generaciones tienen necesidad de calidad en la enseñanza y, a la vez, de valores, no solo enunciados sino también testimoniados.  «La coherencia - dice el Papa Francisco – es un factor indispensable en la educación de los jóvenes. Coherencia. No se puede hacer crecer, no se puede educar sin coherencia: coherencia, testimonio». No es preciso insistir en el valor de esta actitud vital de todo educador. Somos constantemente observados, estamos en el punto de mira, y las faltas de coherencia, especialmente en una materia tan delicada como la Religión, se pagan caras. Es importante no bajar la guardia sobre nosotros mismos y aspirar a vivir aquello que enseñamos.

            3) Por último, es importante la formación permanente, que puede adquirir la forma de autoformación. La necesidad de estar al día en cuestiones pedagógicas, y en los contenidos de nuestra asignatura, es una deber moral y profesional. El tiempo de vacaciones es óptimo para dedicar un tiempo a esta formación permanente, bien participando en cursos de verano, bien leyendo lo que durante el curso no hemos podido. En esta formación permanente, no debe faltar, como indica el Papa, momentos para orar con más intensidad. Porque la oración mantiene viva la tensión del espíritu hacia la verdad y nos hace siempre más sensibles a las necesidades de los demás.

            Con mi cordial afecto
            + César Franco

            Obispo de Segovia