11 sept. 2017

MENSAJE MES DE SEPTIEMBRE


Os saludo cordialmente al comenzar este nuevo curso.

    En la actual regulación de la enseñanza de la Religión en la escuela, cada curso escolar el Obispo diocesano concede la misión canónica para enseñar a los profesores que son considerados aptos para ello. Esto no es un mero trámite o protocolo, sino un acto pastoral que tiene fundamentos teológicos y pastorales de gran importancia que conviene conocer.

Entre las misiones del Obispo, figura la de enseñar como maestro de la fe en su diócesis. Tiene la obligación de enseñar él en primer lugar, y de hacer que se enseñe la fe católica. Sus colaboradores directos e inmediatos son los sacerdotes, que, por el hecho de haber recibido el sacramento del Orden, tienen autoridad propia para hacerlo. Tanto el obispo como los sacerdotes enseñan cuando predican, dan catequesis y forman al pueblo cristiano mediante diversos cauces.


En el actual ordenamiento de la enseñanza de la religión en la escuela, los alumnos que solicitan, por sí mismos o por sus padres, recibir formación en su propia religión, deben tener la garantía de que la enseñanza que reciben es conforme a la fe que profesan. Por eso, sólo pueden enseñar quienes por su capacitación profesional y eclesial reciben la misión canónica del Obispo, responsable último de la enseñanza religiosa. Lo mismo sucede con quienes reciben enseñanza en otra religión: son los responsables de ella quienes conceden el visto bueno para enseñar.

Este modo de proceder no es, como a veces se piensa, un privilegio de la Iglesia o una intromisión en el campo civil. La Constitución Española garantiza que se respete el derecho de los padres a educar a sus hijos en sus propias convicciones religiosa y morales. Con la misión (o envío) del obispo se garantiza tal derecho. Por eso los profesores tienen que estar capacitados en el conocimiento de la religión católica, mediante cursos de formación, y tienen que dar muestras con el testimonio personal de que viven en comunión con la Iglesia, pues la enseñanza quedaría desprestigiada con una forma de vivir en desacuerdo con la fe que enseñan. En realidad, ejercen un verdadero ministerio eclesial, que, como tal, requiere la misión del obispo diocesano, que, cada año, puede renovar o no dicho envío. El fin último de todo, como puede verse, es salvaguardar la identidad de la fe y respetar el derecho a recibir una enseñanza garantizada por la Iglesia.


Con mi afecto y bendición

+ César Franco Martínez
Obispo de Segovia