16 oct. 2017

MES DE OCTUBRE

                                            Amigos profesores:


            En el mundo empresarial se usa con frecuencia el término sinergia, que ha pasado a otros ámbitos de la reflexión y de la vida social. Esta palabra significa unión de fuerzas, dirigidas todas a un mismo fin. Cuando hay sinergia, hay una mayor fecundidad en el trabajo porque todos van a una y no se desperdician las energías individuales.

            La Conferencia Episcopal Española publicó en 2013 un importante documento titulado Orientaciones pastorales para la coordinación de la familia, la parroquia y la escuela en la transmisión de la fe, que podéis encontrar en la web de esta institución. El objeto de este documento era precisamente buscar la sinergia entre estas tres realidades que nunca deben separarse en la educación de los cristianos. Sabemos que no es fácil lograrlo pero es importante intentarlo.
            La familia es el núcleo fundamental de la educación y de la sociedad. Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Nadie puede sustituirlos, aunque es preciso reconocer que en muchas ocasiones los padres se despreocupan de la formación integral de sus hijos y «delegan» este trabajo en la escuela y en, por lo que se refiere a la fe, en la parroquia.
            La escuela es una institución que colabora con los padres en la educación de los hijos, pero debe tener siempre en cuenta no sustituirlos de forma absoluta. Debe respetar siempre las convicciones de los padres en aquellas materias que se refieren a las convicciones íntimas que constituyen el entramado de la personalidad. La relación entre padres y escuela debe ser fluida, trasparente, favoreciendo siempre la información y la consulta cuando se trate de formar la personalidad del alumno.
            La parroquia es un ámbito de fe, donde se recibe la formación catequética adecuada a la edad y se madura en la vida cristiana. La parroquia educa en la fe que los padres han dado a sus hijos. Los padres son los primeros educadores de la fe. En la parroquia se ayuda al crecimiento de la semilla que un día se sembró gracias al bautismo.
            Los profesores de religión, y los profesores católicos, pueden ser auténticos mediadores entre la familia y la parroquia porque su conocimiento de los niños y de las propias familias les permite también valorar si la formación religiosa que se imparte en la escuela corresponde con la que se recibe en las familias y constituye un complemento de la catequesis en la escuela. Un buen profesor de religión puede hacer mucho para lograr esa sinergia que todos deseamos, de forma que todos contribuyamos al crecimiento integral de los alumnos, que son miembros de una familia y piedras vivas de la Iglesia.
            Con mi cordial afecto

            + César Franco
            Obispo de Segovia