5 mar. 2018

MARZO

                                         
                       19 DE MARZO: DÍA DEL SEMINARIO




Queridos amigos profesores:

            Como bien sabéis, el 19 de Marzo, solemnidad de san José, se celebra el día del seminario. Es una ocasión para presentar la vocación sacerdotal, como una opción de vida, junto a otras opciones posibles. Como profesores, y como laicos, podéis ayudar mucho a hacer comprender a los alumnos que la vida es vocación, llamada, proyección hacia el futuro en un compromiso que abarca a toda la persona y la conduce a la felicidad si encuentra el camino que Dios quiere para cada uno.

            Hoy día, muchas de las opciones que se toman están basadas en un pragmatismo económico que no es el criterio fundamental para la elección.  Se prima lo que produce más dinero frente a lo que satisface los deseos más íntimos del corazón, y, por tanto, lo más acorde con la persona. Un planteamiento vocacional exige plantearse muchas preguntas: ¿para qué estoy hecho? ¿qué dones he recibido de Dios? ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Cómo puedo servir mejor a la sociedad y a la Iglesia? Las preguntas sobre el sentido de la vida y la entrega de uno mismo a los demás son fundamentales para descubrir la vocación. Naturalmente, se necesita fundamentar bien la fe como una adhesión a Dios y a Cristo.
            La figura del sacerdote, por otra parte, necesita ser bien presentada. A menudo, a través de los medios de comunicación, se distorsiona convirtiéndola en una caricatura: o se acentúan los aspectos más sociales de su ministerio, diluyéndose el «misterio» que encierra su persona como llamado a representar a Cristo en medio de la Iglesia; o se le espiritualiza de tal manera que parece un ser sin carne, despreocupado de los problemas del hombre y de la sociedad. Conviene saber presentar su figura para hacerla atractiva como lo es sin duda la figura de Cristo que transmiten los evangelios, sin podar ninguna de sus facetas. Desgraciadamente, no siempre las nuevas generaciones han tenido experiencia de un sacerdote a su lado que haga surgir la pregunta: ¿sería yo un buen sacerdote? ¿Me llamará Dios a mí? Por eso, en esta presentación de la figura del sacerdote, puede servir el testimonio de tantos sacerdotes que han entregado su vida con generosidad sirviendo a Dios y a los hombres. No faltan ejemplos, testimonios, relatos y hasta películas buenas y vídeos que pueden ayudar en esta tarea.
            ¡Mucho ánimo y creatividad!
            Con mi afecto cordial
           
+ César Franco
            Obispo de Segovia