13 jun. 2018

MENSAJE MES DE JUNIO: CREATIVIDAD


Amigos profesores:

Quiero dedicar la reflexión de este mes a un asunto al que seguramente, como maestros, habéis dedicado con frecuencia vuestra atención. Me refiero a la creatividad y cómo suscitarla. Invitamos a nuestros alumnos a ser creativos, capaces de descubrir no sólo soluciones a los problemas que suscita la vida, sino a inventar en los diversos campos del estudio nuevas formas de expresar la vida, las vivencias y sentimientos, las relaciones humanas, y también la relación con Dios, que, como ser personal, busca relacionarse con nosotros y provocar encuentros cada más satisfactorios.

Educar no es sólo aprender lo que otros han hecho o descubierto, ni saber fórmulas de memoria, fechas y datos de la historia, nombres de grandes genios en el mundo de la ciencia y de las artes. Educar es despertar el interés por todo lo humano, indagar en la esencia de las cosas, y, sobre todo, profundizar en uno mismo hasta descubrir nuestras inmensas posibilidades. De ahí que la creatividad sea imposible sin el desarrollo de la interioridad. Y no cabe duda que enseñar a los alumnos a vivir hacia dentro, fondeando en su propio ser es tarea difícil, pues la cultura actual tiende más a la extroversión que a la introspección. Llevamos arrastrando desde hace tiempo una profunda crisis de interioridad.

La creatividad es participar en una actividad propia de Dios, a quien llamamos Creador. Él ha hecho todo de la nada y ha creado al hombre para que colaborase con él en la tarea de conservar este mundo, desarrollar sus potencialidades y llevarlo hacia su plenitud última. No hay tarea más hermosa que esta si la tomamos en serio. Es verdad que el hombre no tiene la capacidad de crear de la nada, acción exclusiva de Dios. Pero puede contribuir con su trabajo, esfuerzo y creatividad al desarrollo de todo lo creado. Y, del mismo modo que Dios ha creado dando rienda suelta a su interioridad, a su ser más íntimo, así el hombre, si sabe indagar en sí mismo, puede ser muy creativo y sacar de sí mismo las riquezas que lleva dentro para ponerlas a disposición de los demás. Se trata, pues, de poner en práctica aquella máxima de san Agustín: «En el interior del hombre habita la verdad». 

Os animo a despertar en vuestros alumnos el interés por la riqueza que llevan dentro, a enseñarles el camino que conduce hacia su interior, para que no sean desconocidos para sí mismos. Y, sobre todo, para que aprendan a descubrir la relación que existe entre lo que ellos viven y el mundo que les rodea, empezando por sus propios semejantes. Entonces se despertará en ellos una creatividad imparable.


Con mi afecto sincero
+ César Franco
Obispo de Segovia.